Servicios señoritas niñas prostitutas tailandesas

servicios señoritas niñas prostitutas tailandesas

Daus dice que su deseo de tener un teléfono multiusos fue lo que lo llevó a prostituirse a los 14 años. A veces las niñas se conocen en la calle, se van a vivir juntas y una de ellas termina de líder del grupo, haciendo de proxeneta. Generalmente es la que ya tenía experiencia en el negocio.

En algunos casos los proxenetas no les cobran a sus prostitutas pues vienen de familias pudientes. El padre nunca estaba, ya que tenía otras cuatro esposas. Recuerda con orgullo que siempre estuvo entre las mejores de su clase y era particularmente buena en todo lo que tuviera que ver con los negocios y la cocina. En sexto grado ya se movía entre chicas mayores.

En el noveno bebía y consumía drogas. Fue a esa altura que dejó la escuela para dedicarse de lleno a ser proxeneta. Quedó embarazada y tuvo su primer hijo a los 15 años. El segundo llegó un año después. Trabajaba en bares de karaoke, a veces prostituyéndose ella misma, y se hizo de una clientela. Abundaban el dinero y las drogas.

Se hizo adicta a las metanfetaminas de cristal, conocidas aquí como shabu shabu. Al principio tenía tres chicas trabajando para ella. Generalmente tenían entre 14 y 17 años, aunque hubo también alguna veinteañera.

Una vez un cliente pagó 2. Usan una banda de motociclistas de la secundaria cuando necesitan imponer respeto. El dinero no le interesa y vela por nuestra seguridad", afirmó Chacha, de 16 años. Deben ser vistas como víctimas". Chimoy vive hoy en una habitación en la que apenas cabe un colchón. Lo perdió todo por su adicción a las drogas.

No es un lugar para gente remilgada ni con inclinaciones feministas. Es la primera tarde que paso en Tailandia y he conocido a la persona que cena conmigo, un norteamericano que vive en Bangkok, hace solo media hora. Después de una conversación sobre generalidades con todo el grupo, se dirige a mi aparte por primera vez y me dice: Cuando acepto la invitación, me convierto, esencialmente, en una turista del turista del sexo. Un turista por la libre que disfrute de la variedad, en teoría podría probar todos esos manjares.

Pero el bar parece ser el estilo fundamental de sexo norteamericano. En el escenario, las mujeres bailan. Digo mujeres por respeto a su experiencia de trabajo.

Las que veo son adolescentes, y en los bares gay son muchachos. Cada bailarina esta junto a un poste al que acaricia mientras ejecuta algunos movimientos de baile rudimentarios. Las muchachas no son bailarinas expertas y en el transcurso de una larga noche, ponen un mínimo de energía en el baile. Sus gestos son sugerentes, pero no sensuales, y se interpretan como sexy sólo si el observador, también él, ha aprendido el código erótico como un lenguaje ajeno al cuerpo.

Las meseras se desplazan entre las mesas y por la barra, dispuestas a recibir órdenes de bebida y ordenes de muchacha. Si consigue que el hombre le invite una bebida, el dato cuenta. Las sonrisitas y empelloncitos me remontan a las interacciones tentativas de la secundaria. Es la edad de muchas de esas muchachas; mientras que los clientes son lo bastante mayores como para ser sus tíos, padres y abuelos. Pasuk, una socióloga tailandesa, también especula que del 6.

Los intentos de resistencia son a escala mucho menor. Y el bar de muchachas Patpong Newsletter, patrocinado por Empower, todavía no ha tenido gran impacto. Hoy, los clientes de los bares son norteamericanos blancos, pero también europeos y australianos, todos fahrang extranjeros para los tailandeses. Después de hacerse los mensos con una o dos copas, un par puede llegar al acuerdo de pasar toda la noche juntos. El acuerdo de pasar la noche con un solo hombre lo vuelve una forma de trabajo sexual comparativamente privilegiado.

En el campo, hay familias enteras que se mantienen con los ingresos de una hija en Bangkok, y pueblos enteros formados por este tipo de familias. Pero en el mismo artículo se dice que el salario mensual de la chica como bailarina en la ciudad balneario de Phuket era de mil baht, unos 40 dólares.

Las cifras que escuche en Bangkok son cuatro veces mayores, y calculan el salario mensual en la gran ciudad en una cantidad aproximadamente igual al costo de dos noches en un hotel de categoría internacional pero, por la misma razón, bastante mayor que los ingresos de costureras o trabajadoras domésticas. Las iniciativas económicas consecuentes con el informe del banco llevaron a lo que rutinariamente se describe hoy como un negocio de 4 mil millones de dólares al año, lo cual incluye relaciones fraternales entre las líneas aéreas, agentes de giras turísticas y a los dueños de la industria del sexo.

En este sentido, el turismo sexual es como cualquier otra industria multinacional: Desde la perspectiva de los clientes del Primer Mundo, las injusticias internacionales se traducen en una gran oportunidad, y sus experiencias personales de éxtasis a bajo precio se combinan para convertir esos totales en miles de millones.

Las discusiones habituales sobre el imperialismo giran en torno a la explotación del trabajo y de los recursos naturales en el territorio colonizado.

La industria neocolonialista del ocio suele identificar ambos en uno solo.

servicios señoritas niñas prostitutas tailandesas

La otra cara de la moneda son miles de niñas y jóvenes que necesitan el dinero que pagan los turistas sexuales. La mayoría son del norte rural y empobrecido. El resultado es una ley de la oferta y la demanda que no ha sido detenida por las autoridades, que han hecho la vista gorda durante décadas a cambio de dinero de las mafias. Ahora Tailandia se enfrenta a un círculo vicioso difícil de detener: De hecho, Service Workers in Group SWING , una agrupación de trabajadoras sexuales y NightLight, una asociación religiosa que da asistencia a prostitutas callejeras, se han opuesto al plan de la ministra.

Lo que hay que hacer es desincentivar la demanda para suprimir la oferta. Lo primero es terminar con la sensación de impunidad que tiene el turista sexual.

Lo segundo, una reforma estructural que termine con la corrupción de la policía y que esta persiga a los turistas sexuales. Eso pasa por no criminalizar a las trabajadoras sexuales. Aller destaca iniciativas que han tenido éxito en otros países donde la situación era parecida a la de Tailandia: El trabajo de organizaciones como ECPAT ha logrado que el turismo sexual se persiga desde los países de origen de los turistas.

Su relación con la trata de personas y la prostitución infantil terminaron con ellas. Los turistas sexuales pederastas y pedófilos que buscaban un paraíso sexual tailandés se han visto arrinconados.

Aller subraya que se siguen organizando a través de circuitos clandestinos y en comunidades delictivas en la deep web: Accede a la prostitución infantil desde servicios sexuales comunes en la calle. Rechazan los encuentros con menores y se cuidan de cualquier actividad sospechosa. Sin embargo, esto ha promovido la normalización y aceptación del negocio del sexo en Tailandia. Es un hombre rico contra una niña o un niño pobre.

Recuerda con orgullo que siempre estuvo entre las mejores de su clase y era particularmente buena en todo lo que tuviera que ver con los negocios y la cocina. En sexto grado ya se movía entre chicas mayores. En el noveno bebía y consumía drogas. Fue a esa altura que dejó la escuela para dedicarse de lleno a ser proxeneta. Quedó embarazada y tuvo su primer hijo a los 15 años. El segundo llegó un año después. Trabajaba en bares de karaoke, a veces prostituyéndose ella misma, y se hizo de una clientela.

Abundaban el dinero y las drogas. Se hizo adicta a las metanfetaminas de cristal, conocidas aquí como shabu shabu. Al principio tenía tres chicas trabajando para ella. Generalmente tenían entre 14 y 17 años, aunque hubo también alguna veinteañera. Una vez un cliente pagó 2. Usan una banda de motociclistas de la secundaria cuando necesitan imponer respeto.

El dinero no le interesa y vela por nuestra seguridad", afirmó Chacha, de 16 años. Deben ser vistas como víctimas". Chimoy vive hoy en una habitación en la que apenas cabe un colchón.

Lo perdió todo por su adicción a las drogas. Dice que ya no se droga y que quiere dejar de hacer de proxeneta. La fundación la ofrece capacitación y terapia. El director del programa, Cakrabuana, dice que no hay que juzgar a las niñas, incluso si siguen en el negocio de la prostitución.

Cuando se quedan sin dinero, no obstante, le piden a Chimoy que les consiga clientes. Es un fenómeno que prolifera.